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Biblia En Linea - Libro De Los Hechos Capítulo 20


Biblia En Linea - Libro De Los Hechos Capítulo 20



Capítulo 02

2:1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban
todos unánimes juntos.

2:2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba,
el cual llenó toda la casa donde estaban sentados;

2:3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre
cada uno de ellos.

2:4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras
lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.

2:5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las
naciones bajo el cielo.

2:6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque
cada uno les oía hablar en su propia lengua.

2:7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos
estos que hablan?

2:8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la
que hemos nacido?

2:9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en
Capadocia, en el Ponto y en Asia,

2:10 en Frigia y Panfilia, en Egipto y en las regiones de Africa más allá de
Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

2:11 cretenses y árabes, les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas
de Dios.

2:12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué
quiere decir esto?

2:13 Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto.

2:14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló
diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea
notorio, y oíd mis palabras.

2:15 Porque éstos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la
hora tercera del día.

2:16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:

2:17  Y en los postreros días, dice Dios, 
Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, 
Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; 
Vuestros jóvenes verán visiones, 
Y vuestros ancianos soñarán sueños; 

2:18   Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en
aquellos días 

Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán. 

2:19   Y daré prodigios arriba en el cielo, 
Y señales abajo en la tierra, 
Sangre y fuego y vapor de humo;

2:20   El sol se convertirá en tinieblas, 
Y la luna en sangre, 
Antes que venga el día del Señor, 
Grande y manifiesto; 

2:21   Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

2:22 Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado
por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo
entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

2:23 a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de
Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole;

2:24 al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era
imposible que fuese retenido por ella.

2:25 Porque David dice de él:
Veía al Señor siempre delante de mí; 
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.

2:26   Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, 
Y aun mi carne descansará en esperanza; 

2:27   Porque no dejarás mi alma en el Hades, 
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. 

2:28   Me hiciste conocer los caminos de la vida; 
Me llenarás de gozo con tu presencia.

2:29 Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que
murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

2:30 Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que
de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se
sentase en su trono,

2:31 viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue
dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

2:32 A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

2:33 Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la
promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís.

2:34 Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice:
Dijo el Señor a mi Señor: 
Siéntate a mi diestra, 

2:35  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.

2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a
quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

2:37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros
apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

2:38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el
nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu
Santo.

2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los
que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

2:40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed
salvos de esta perversa generación.

2:41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron
aquel día como tres mil personas.

2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con
otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.

2:43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran
hechas por los apóstoles.

2:44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las
cosas;

2:45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la
necesidad de cada uno.

2:46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las
casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

2:47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía
cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. 



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